viernes, 6 de febrero de 2015

Stalingrado, segunda parte

Buenas noches,

Aquí os dejo la segunda parte de la entrada sobre la batalla de Stalingrado redactada por @morroamarillo. Disfrutadla.

Los francotiradores soviéticos también sembraron el pánico entre las tropas alemanas, pero no entre los soldados de a pie, sino también entre la oficialidad, ya que estos tiradores no solían gastar una bala ni delatar su posición abatiendo a un simple schutze.
Otra de las grandes cualidades de la Wehrmacht era el apoyo aéreo cercano (CAS, por sus siglas en inglés). Era una táctica que, sirviéndose de la buena precisión de los stukas, permitía atacar tropas enemigas que se encontrasen muy cerca de tropas aliadas. La batalla, al darse en un terreno totalmente derruido y donde ambos bandos estaban totalmente mezclados y entrelazados, fue muy complicado servirse de esta estrategia y lograr la clara ventaja que ella proporcionaba.
A nivel operacional podemos resumir los combates en la ciudad como un continuo flujo de soldados hacia el interior de la misma. El objetivo de los soviéticos era desangrar al ejército alemán y mantener en el margen occidental del Volga cabezas de puente por las que desembarcarían los continuos refuerzos. Por contrapartida, el objetivo alemán era conquistar estas cabezas de puente para consumar la total conquista de la ciudad. Para que os hagáis una idea, los alemanes llegaron a contar con el 90% de la ciudad en sus manos.

Ante este panorama nos situamos a mediados de noviembre, pero ya no en la ciudad sino en la retaguardia y los flancos del 6º Ejército de Paulus, que estaban guarnecidos por tropas rumanas, muy inferiores. Nos estamos refiriendo a la Op. Urano, que se lanzó un 19 de noviembre y logró embolsar al 6º Ejército (que continuaba desangrándose en la ciudad) y a sus aliados colindantes. Ésta fue una decisiva victoria soviética. Es irónico, pero la batalla por la toma de la ciudad se decidió fuera de ésta.

Stalingrado, Segunda Guerra Mundial
Con el cerco del 6º Ejército todas las posiciones alemanas en el sur de la Unión Soviética estaban ahora en peligro. Tal fue la magnitud de desastre. El 24 de noviembre, Hitler declaró la sitiada ciudad “Fortaleza Stalingrado”. Esto significa que las posiciones deberían defenderse a toda costa y hasta el último hombre. En seguida se puso en marcha un puente aéreo para abastecer a las tropas que se encontraban rodeadas. Hermann Göring, comandante supremo de la Luftwaffe, aseguró a Hitler que la cosa era pan comido. Nada más lejos de la realidad. Veamos las cifras que da Beevor en su obra Stalingrado:
-        El 6º Ejército necesitaba 700 tn al día en suministros.
-        Göring prometió que sus aviones podrían entregar 500 tn al día.
-        Solo fue posible entregar 350 tn al día y durante un corto espacio de tiempo.
Como veis el puente aéreo fue un rotundo fracaso y las bravatas de Göring solo sirvieron para apaciguar a Hitler un par de días.



La situación de las tropas rodeadas era crítica y más con las temperaturas extremas de esta época del año. Los congelamientos eran muy habituales hasta el punto que los soldados perdían las piernas. En los momentos más críticos del cerco la ración de comida se fijó en 65 gr de pan al día. A esto hay que sumarle los constantes bombardeos soviéticos al interior del cerco.

Los alemanes pusieron en marcha planes para intentar liberar las tropas de la ciudad y continuar con su conquista. Muchos de los soldados (y esto lo sabemos porque conservamos muchas cartas) del interior del cerco confiaban totalmente en que Hitler vendría a rescatarlos. Otros soñaban con que un cuerpo mecanizado de las SS ya estaba en marcha, y hasta podían oír sus cañonazos (no eran más que cañonazos soviéticos). Como iba diciendo, los planes alemanes consideraban que para romper el cerco se necesitaba coordinar un ataque desde el exterior y desde el interior en un mismo punto. Un ataque desde el interior era sumamente optimista, por no decir imposible. Las tropas no estaban en condiciones de tal movimiento, esto sin hablar de que apenas quedaba combustible para los escasos blindados. Además, el salir de las posiciones defensivas que ocupaba el 6º Ejército implicaría el abandono del material pesado y vulnerabilidad al más que evidente contraataque ruso. Decir que frente a la penosa situación de las tropas cercadas, la disciplina y la moral continuó alta, por lo menos en un principio.

La operación para liberar a las fuerzas alemanas de la ciudad fue planificada por von Manstein y ejecutada por Hermann Hoth al mando del 4º Ejército Panzer. Fue bautizada con el nombre de Op. Tormenta de Invierno. Hitler ordenó a Manstein que no evacuara el 6º Ejército, sino que una vez roto el cerco se aseguraran posiciones y continuasen con la toma de la ciudad. A pesar de todo, Manstein ideó un segundo plan que consistía en que, si el primero tenía éxito (romper el cerco soviético), evacuar a las maltrechas tropas alemanas de la ciudad. Esta operación se llamó Op. Trueno.
Ambas operaciones fueron un fracaso por la escasez de medios alemanes, además de la superioridad numérica soviética.

La suerte del 6º Ejército hacía tiempo que estaba echada. El 10 de enero comenzaba la Op. Anillo, nombre que se le dio al asalto final sobre las ya exhaustas tropas alemanas. Pese a esto no fue coser y cantar para los soviéticos: perderían más de veinte mil hombres y la mitad de sus carros de combate los tres primeros días de ofensiva. La situación entre las tropas alemanas era caótica: las tropas de las afueras de la ciudad se dirigían desesperadamente hacia el interior a fin de refugiarse del envite soviético. Los heridos eran abandonados a su suerte y rematados en el lugar por sus captores. Las situaciones más caóticas se daban en los aeródromos donde los alemanes intentaban subirse desesperadamente a un avión a fin de abandonar la fatídica ciudad. El aeródromo de Pitomnik sería abandonado un 16 de enero. Tan solo quedaba Gumrak, a unos trece kilómetros que los soldados alemanes debieron de salvar a pie, soldados desnutridos e indefensos ante los bombardeos soviéticos y la ventisca invernal. Gumrak caería el 22 de enero.
El 30 de enero, aniversario del ascenso al poder de Hitler, Göring emitió un mensaje radiofónico desde el Ministerio del Aire comparando al 6º Ejército con los espartanos de las Termópilas.
Los avances soviéticos continuaron, ahora también desde las cabezas de puente del Volga. Así, el 64º Ejército de Shumilov (que junto con el 62º de Chuikov estuvo permanentemente en la ciudad) aseguró todo el centro de la ciudad y llegó a la puerta de del cuartel general de Paulus. Éste se rendiría el 31 de enero por la mañana junto a noventa mil hombres de un total de doscientos cincuenta mil.

Los combates continuaron en la bolsa norte hasta el 2 de febrero, día oficial del fin de la batalla.
Que estas líneas sirvan para guardar el recuerdo de todos aquellos que murieron entre las ruinas de la ciudad. No luchando por ideología alguna, ni por matarifes que los dirigían desde sus despachos y los tenían por simples banderitas en un mapa, sino luchando por sobrevivir y por sus compañeros de fatiga, codo con codo.

Fuentes:
-        Beevor, A. (2005), Stalingrado. Barcelona: Booket.
-        Bellamy, C. Guerra absoluta. Barcelona: Ediciones B.

Revista de historia militar y política Desperta Ferro Contemporánea. Números 2 y 7 dedicados a Stalingrado.

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